Ya sólo pienso en lo distinto. Sueño ser diferente. Un artista es, sobre todo, un creyente.
Un hombre es su dolor. Cuánto se permite sufrir por lo que (no) sabe. Cómo mide su propia humanidad. Capacidad de resistir a Dios, por dentro. Cree más en nosotros que al revés y todo se vuelve misterio de nuevo. La respuesta no es sólo deseo. Es más que eso.
Las ambiciones mueren sin más, entre otras fruslerías anónimas.
Al hombre a veces le duele Dios.
A medida que me canso, veo de mí mismo parte de lo que resistía y de lo que no sabía. En cualquier caso, más de lo que imaginaba.
Colaboro en deshacer la tensión, como puedo.
Mi contribución es pequeña. Simbólica. Doy ánimos y veo cómo nos cansamos. Debo ir probando lo distinto. Arriesgar lo conocido.
El corazón se vacía o se llena de esperanza por goteo cotidiano. Carece de otro lenguaje. Otra intelección. Sólo sabe, sufre de esa manera. Su dolor es su maestro.
Hay que darse tiempo. Permiso para pensar diferente.
Acabamos. Pero si todos los momentos se convierten en uno, si lo increíble finalmente sucede, no creo que la verdad, nuestra dolorosa verdad, sea distinta entonces.
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