viernes, 2 de septiembre de 2022

Segundo día

"Ha habido un error. El Universo se ha equivocado. Rebobinen. Paren el mundo, que me quiero bajar. Todo está mal. Todo está contra mí.", etc. 

Yo, víctima..., etc. 
Yo, yo, yo.

Según pasa el tiempo, veo lo que somos, cómo somos en realidad, a pesar de la apariencia de nuestras excusas. Sólo puedo constatar. 

Queremos influencia, poder. Y el poder es frío. Cruel, deshumanizante, así como todas las formas de obtenerlo. No es, desde luego, el consuelo de un relato. 

Al descubrir la limitación, descubrimos una identidad que no habíamos planeado.

Para ello, como en lo demás, suspender el juicio es posponerlo. 

Nadie está donde quiere estar.

Rebelde es uno para otro. 
Peleamos. 

Mientras el mundo duerme su ira, llego a decir algunas cosas. A reconocerlas. 

En realidad, el sentimiento que mejor he conocido es el resentimiento. La impotencia, el lamento. El rencor. 

Estar triste tampoco está mal. La tristeza es honesta. Quizá sea lo más honesto. Sea cual sea la moda, la superficialidad arbitraria del momento, que te atrapa. 

El problema es enamorarse de la tristeza. Llegar a creer que no hay nada más. Hay otras cosas. 

Nunca pidas un sacrificio que no conoces. 

Hay que hablar de lo que habla la gente. Aunque uno se crea más sutil.

Que los demás sean tu entusiasmo, tu entretenimiento, y siempre habrá trabajo que hacer. Distracción. 

Nos cansamos de querer ser otros. 

El tiempo libre envicia, pervierte. ¡Es tan difícil usarlo bien! Nos deslumbra lo que no podemos cambiar, casi ininterrumpidamente. 

Voy dejando atrás la paciencia del estudio, como en un desistimiento. Quiere sacudirse uno la vanidad demasiado adentro. 

Por otra parte, el orgullo nos mantiene vivos. Nos hace seguir adelante. No es sólo mala fama.

Si no me tuviese estima, no seguiría aquí. 

Vivimos esperando. 

No es posible la igualdad en el sufrimiento. 
Siempre sufrimos distintos. 











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