sábado, 10 de septiembre de 2022
Ciudadela de la piel
viernes, 2 de septiembre de 2022
Segundo día
domingo, 21 de agosto de 2022
"Errormisterio"
viernes, 19 de agosto de 2022
Conocimiento pasivo
Haces de mí un callejón sin salida.
Quisiera sentir por ti otra cosa, por tu genealogía.
Pero sólo tengo resentimiento. Impotencia.
Naciste porque el odio vendría de ti.
Presume el que desespera de aburrimiento.
Soy el tiempo de la confusión.
No estoy centrado.
Las fantasías nos desbordan.
Nada ha separado la luz de la oscuridad
en el abismo cotidiano.
Sigue adelante.
Las imágenes asedian al que no sabe afrontarlas,
utilizarlas. ¿Quién nos da la esperanza?
¿De qué le sirve?
No me olvido. No puedo olvidar, pero lo intento.
Lo pequeño se acumula. Se vuelve multitud.
Se despeña por dentro, como peso muerto.
Impersonal.
Vivir es sentir. Pensar es casi un sueño más.
Algo inalcanzable. Ganas de vivir lo uno,
no lo otro. Se vienen lamentos.
El relleno cubre casi todo.
Viste lo insoportable.
sábado, 13 de agosto de 2022
Suficientemente mejor
Quiero hablar. Tengo que hacerlo.
Sólo sigo aquí. No sé qué hacer conmigo mismo.
Quiero ser feliz. No lo soy.
Me distraigo casi todo el tiempo de ello.
Como si huyera. Clinamen.
El mundo somos nosotros. Somos de verdad.
Demasiados sueños; demasiado grandes.
La mentira es un arma para sobrevivir.
Los errores no se repiten iguales.
Los recuerdos nos conmueven.
Obligan a reconocerse.
Perdemos mientras conocemos.
Las palabras también ocultan.
No quiero reconocer que pierdo la esperanza
poco a poco, sin poder evitarlo.
Me resigno como uno más.
No creo ni espero poder ser otro.
El sentido está más adentro.
No puedo deshacerme de mí mismo,
porque aún desconozco.
Temo y espero que lo que no sé de mí mismo
cambie todo lo demás. Que sea algo mejor.
Suficientemente mejor.
jueves, 14 de julio de 2022
Aproximadamente yo
He vuelto a recular. No he podido, no he querido o sabido evitarlo. No me he resistido (o me he resistido) a la Verdad.
Sólo sé que estoy contra mí mismo,
cuando no sé quién soy.
Borrón y cuenta nueva. Ya estamos a mitad de año. Pronto tendré 33. El tiempo no va hacia atrás. Borra, aniquila, reinterpreta el pasado, hasta llenar todo de olvido.
Yo también seré olvido. Parece que tengo problemas en aceptarlo.
Problemas serios.
No sabía quién era
cuando me puse a escribir estas líneas.
Hace tiempo que no escribo para mí. He estado demasiado cansado,
demasiado avergonzado.
Al final, todo se reduce a esto: exceso o medida. Qué va primero para ti, si eres capaz de mantenerlo.
Sobre todo, si quieres.
Me siento incapaz. En deuda por ser incapaz. Es la mejor manera que tengo de describirlo.
No me comprendo. No todo el tiempo. Voy contra mí mismo en el momento menos pensado.
Redescubro que no soy quien creo ser.
Quien creo necesitar ser.
El tiempo pasa. No va hacia atrás. La reinterpretación siempre nos acusa. No soy la persona que creía necesitar ser.
Se acaba nuestro tiempo y vendrán otros, tan confundidos como los de hoy, nosotros. Que nos debatimos entre tinieblas por dentro.
Pues dentro solo hay tinieblas. Misterio. El corazón es la oscuridad.
El abismo.
Mi tarea es acusarme a mí mismo. Examinarme.
Someterme a escrutinio, porque no puedo hacer otra cosa. Reconocer que no era quien creía ser.
Siempre escribo para mí,
pero me avergüenza reconocerlo.
Creía ser alguien y resulta que no soy nadie.
Creía que el mundo me necesitaba,
pero soy yo el que necesita al mundo.
Hasta el último suspiro, la agonía de pertenecer a otros.
El que suplica. El que no sabe osar, convencido.
Tengo el arte. La representación. El refugio insuficiente.
¿Quién necesita saber?
No tengo tiempo de otra cosa. El mundo es una saturación cotidiana. De confusión, de osadía. De impostura.
Quiero saber a dónde voy. Pero no lo sé. O no me atrevo a reconocerlo. A efectos prácticos, es lo mismo.
Voy hacia el olvido. Donde todo termina.
Pero la vida es osadía, lucha, insumisión. Rebeldía.
Pasa el día, la vida. La fricción con los demás. Perdidos por dentro; encontrados por fuera. Buscadores.
El punto de encuentro es el mundo. La comunicación.
Necesito ocupar mi tiempo, convencido de que vale la pena.
No hay tiempo de ser otro.
Suelo repetir, como mantras, mis frases. Mis refugios. Como grandes descubrimientos.
Aspiro a que nada sobre.
La justa medida es, ciertamente, un ideal.
Soy una persona extraña,
pero no estoy por descubrir.
Estoy por someterme.
Las pasiones borbotean, insumisas, por dentro, y no soy capaz de aplacarlas.
Todos mis pensamientos son excesos. Se empujan, se apelotonan,
se golpean entre sí, violentamente.
Como una asamblea sin rey, sin concierto. Sin orden.
Tiene que haber algo mejor que esto.
Eso suelo decirme a menudo.
Que valga la pena como sea.
Que el mundo no sea sólo sufrimiento.
Sufrimiento que se inflige uno mismo en su pensamiento, en lo más íntimo.
Soy la inquietud del mundo.
Tengo una seria tarea que continuar. La de examinarme a mí mismo.
No es ninguna tontería. Es lo único serio y honesto,
porque todo lo demás es fútil, vanidoso, traicionero.
Es volver al principio, convencido, como antes (espero que un poco más convencido, cada vez),
de que lo correcto ya lo conocía, pero me faltaba el valor (la experiencia) para reconocerlo.
Publico nervioso, inseguro.
Sólo es delirio la verborrea.
Tengo la suerte de poder expresarme. De afinar mi discurso. La verdad está en los intermedios.
Creía saber quién era, y en eso se resume todo lo que he dicho.
Yo, corazón vivo, ardor incontrolable, buscando el camino de vuelta a la calma, la justicia. El restablecimiento del orden.
El Paraíso perdido.






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